Dos años después de que Javier Milei irrumpiera en la Casa Rosada con la promesa de dinamitar el statu quo y devolverle el rumbo a un país agotado, los datos muestran una Argentina partida en dos. El 48% de los argentinos consultados por Zuban, Córdoba y Asociados aprueba la gestión presidencial, mientras que un 51,5% no comparte las políticas de la Casa Rosada.

El clima social ya no es el del "cheque en blanco" que marcó los primeros meses de gestión: hoy, la mitad del país aprueba lo hecho por la gestión mileísta, mientras una porción similar la desaprueba sin más. La economía doméstica, factor decisivo en la política argentina, inclina la balanza: la mayoría siente que está peor que con el gobierno anterior (49,7% de los participantes del sondeo), indica la consultora. Los más pesimistas son los mayores de 46 años.
Sin embargo, esta erosión del humor social no se traduce linealmente en un derrumbe político para el Presidente. “Su núcleo duro se mantiene firme, cohesionado por la identidad y por el rechazo a lo anterior: gran parte de quienes confiaron en Milei volverían a votarlo en 2027. En paralelo, se
profundiza una sensación de representación en crisis que golpea especialmente al peronismo, al que más de la mitad de la sociedad ya no reconoce como el reflejo del mapa social argentino”, detalla.
Pero si algo caracteriza al presente, es la incertidumbre. “Se desdibuja un horizonte compartido sobre qué país estamos construyendo y hacia dónde vamos. Allí, el discurso libertario encuentra aún terreno fértil: en una sociedad que no tiene claro cuál es la salida, la promesa de ruptura se mantiene atractiva”, expresa el informe de Zuban, Córdoba y Asociados.
Otro tema estuvo ocupando la agenda pública estas semanas, promovido por satélites del ecosistema oficialista: las vacunas.
Según la consultora, existe un amplísimo consenso a favor de la vacunación y su obligatoriedad (84,2% de los consultados); hay un núcleo minoritario -pero influyente en la conversación digital y política- que cuestiona la intervención estatal en materia sanitaria. Y es justamente en el electorado libertario y en los más jóvenes donde ese rechazo encuentra mayor expresión.
“Aquí se revela un desafío clave para la etapa que viene: el Gobierno puede tensionar muchas certezas argentinas, pero no cualquier consenso es dinamitable sin costo”, subraya el reporte al que accedió LA GACETA. El sistema de vacunación -orgullo histórico del país- no es solo una política pública: es parte del ADN cultural que sostiene nuestra idea de comunidad y cuidado colectivo.
“El gobierno debe aquí decidir si gastará su capital político en una batalla que parece ajena al sentido común de la sociedad. Elegir qué batallas se dan es un signo de inteligencia política”, advierte.
Este fin de año nos encuentra, entonces, frente a un tablero político donde todo parece moverse a la vez: el oficialismo estrena una nueva fortaleza política, con mejores números legislativos, pero deberá mostrar resultados concretos y evitar cruzar límites que la sociedad argentina no está dispuesta a
resignar. Porque la libertad -como la salud- solo florece cuando se construye entre todos, finaliza Zuban, Córdoba y Asociados.